Más allá de UKIP: el populismo en el Reino Unido

Margaret Thatcher durante la campaña del referéndum de entrada a la Unión Europea en 1975 BBC.CO.UK

Se discute a menudo si lo que prima en el populismo de derechas británico es el factor económico o el cultural, entendiendo también por éste la identidad étnica y religiosa. ¿Pero no es ésta una falsa disyuntiva? El resentimiento frente a quienes se considera el origen de un malestar social siempre difuso rara vez se pliega a una sola causa. En efecto, el populismo de derechas británico, como el de los demás países, más aún debido a su pasado imperial, tiene unos orígenes racistas innegables. Ahora bien, los cambios culturales más profundos en la sociedad británica vienen derivados de las transformaciones en el sistema económico capitalista, incluida la llegada de trabajadores extranjeros. Las formaciones identificadas como populistas de derechas o de extrema derecha son el resultado de la combinación de varios factores, entre los que paradójicamente habría que incluir también tanto la orgullosa tradición antifascista de los británicos como al populismo tory.

Política, social y mediáticamente, el consenso neoliberal es tan sólido que cualquier demanda que se salga de la lógica económica imperante es despreciada. No hay respuesta política al malestar popular, pues éste en realidad no existe más que marginalmente, como un molesto suplemento de un orden de las cosas en vías de naturalización. Traducido electoralmente tampoco es representativo porque el sistema británico prima las mayorías con mucha desproporción. Así, por ejemplo, el UKIP obtuvo cerca de cuatro millones de votos en las elecciones generales de 2015, más del 12% del total, y sólo un escaño en el Parlamento. Desde este punto de vista, con el poder sindical reducido a la insignificancia y, al menos hasta la llegada de Jeremy Corbyn, con el Partido Laborista entregado al mismo dogma económico, no parece tan extraño que muchos británicos hayan desarrollado un profundo sentimiento antiestablishment. Cosa distinta, que no menor, es cómo lo hayan canalizado y si las consecuencias de su expresión no van sino a reforzar aquello que querían rechazar. Con todo, por más que el camino que muchos de ellos parecen haber escogido nos parezca un error, no lo parece tanto el que se sintieran marginados y faltos de representación, y que expresaran su descontento en cuanto tuvieran la oportunidad. Ésa la dio el Brexit, auténtico momento populista de la política en el Reino Unido. Pero veamos de dónde viene todo esto y a qué puede conducir.

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