Israel: una democracia selectiva

Emir Mahul fue detenido el 6 de mayo por la noche en su casa de Haifa, ha sido mantenido incomunicado y en condiciones que repugnan a cualquier defensor de las libertades y las garantías de un estado de derecho.

Según su esposa, Jana Mahul, durante la incursión nocturna de las fuerzas de seguridad en el momento del arresto, confiscaron los teléfonos móviles, ordenadores, una cámara y gran cantidad de documentos. En una carta de sus familiares, estos afirman que Mahul ha sido mantenido en total aislamiento y ha sido objeto de torturas, con interrogatorios que duraban horas, privación de sueño, y con las manos y los pies atados a una silla en una postura incómoda. El tribunal se negó a entregar a los abogados de Mahul el informe médico realizado por un doctor que le visitó dos veces durante los interrogatorios. También se negó a permitir que un médico enviado por Médicos por los Derechos Humanos de Israel le examinara, tal como solicitaron varias organizaciones israelíes de derechos humanos.

Esta situación fue posible porque, tal y como permite la ley israelí, Mahul fue mantenido incomunicado y sin contacto con sus abogados durante once días.

Algunos días antes, el 24 de abril, el Shin Bet detuvo a Omar Said, otro palestino israelí, miembro de la Asamblea Nacional Democrática. Sobre los dos pesó una orden que obligaba a los medios de comunicación a no informar sobre su detención y todas las circunstancias que las rodeaban. Cuando esta orden fue anulada por el Tribunal Supremo, se supo que ambos estaban acusados de espionaje y contacto con un "agente extranjero" del grupo libanés Hezbolá. En las audiencias que se han celebrado, a los abogados no se les ha proporcionado detalle alguno de los cargos, que están clasificados como "secreto de pruebas", algo realmente sorprendente ya que, por definición, si una prueba es secreta, no es prueba, y que deja a los dos detenidos en la más absoluta indefensión.

Mahul es escritor y director de Ittijah, una red árabe israelí de organizaciones no gubernamentales. Es también presidente del Comité Popular para la Defensa de las Libertades Políticas y miembro del Comité Nacional del Foro Mundial de Educación de Palestina. Es un líder palestino bien conocido, que se ha convertido en la voz principal dentro de Israel que respalda la creciente campaña internacional por el boicot, desinversión y sanciones contra ese país. Mahul ya tenía prohibido salir del país, pero él se enteró por casualidad el 22 de abril, cuando intentó cruzar a Jordania para reunirse allí con activistas de la sociedad civil jordana y se encontró con la prohibición "por razones de seguridad", que como saben quienes se mantienen informados de las arbitrariedades israelíes, son unas razones omnipresentes, omnivalentes y omnipotentes, pero no definidas con la precisión que merece una norma jurídica.

Siendo las detenciones de Mahul y Said graves en sí mismas, son noticia porque se han producido en el interior de Israel. Este es el pan nuestro de cada día en la Cisjordania ocupada: redadas masivas, detenciones arbitrarias, encarcelamientos prolongados sin juicio ("detenciones administrativas"), construcción del muro del apartheid que, junto con las colonias judías y las carreteras "solo para judíos", están conformando verdaderos bantustanes aislados entre sí, donde la vida de los palestinos se vuelve un auténtico infierno, condimentado con demoliciones de casas, confiscaciones de tierras, destrucciones de olivos y demás cultivos, destrucciones de infraestructuras, prohibiciones de construir casas y pozos de agua, concesiones arbitrarias de permisos para poder desplazarse por el territorio, controles o check-points que los soldados israelíes manejan a su antojo, dejando pasar o no a quienes les place, tengan permisos o no, registros arbitrarios que intimidan y humillan a los palestinos, abusos de todo tipo en controles y registros, etc., etc.

Ofensiva contra la minoría árabe israelí

Dicho esto, las detenciones de Mahul y Said parece que son un signo más de que el gobierno de Tel Aviv ha decidido lanzar una ofensiva contra la minoría árabe del interior de Israel. Y no sería nada extraño, pues para muchos sionistas el crecimiento demográfico de los "ciudadanos" árabes israelíes es la principal amenaza para el estado judío, más que Irán y Hamas. ¿Qué pasa si el estado "judío" llega a tener un 50 por ciento de árabes? Esto es algo que sucederá si el actual 20 por ciento de la población israelí sigue creciendo a un ritmo más rápido que los judíos. Dejaremos esta cuestión para otro momento.

Lo cierto es que en enero de 2009, el Comité Central Electoral israelí prohibió a la Asamblea Democrática Nacional (un partido que actualmente tiene tres escaños en el parlamento israelí y que lucha para que Israel sea "un estado de todos sus ciudadanos") y la Lista Árabe Unida, que tiene cuatro diputados, participar en las elecciones con el argumento de que ambos partidos apoyan al terrorismo y "no reconocen la existencia de Israel como un estado judío y democrático". Afortunadamente, la decisión del Comité fue anulada por la Corte Suprema.

En diciembre de 2009, Anat Kam, periodista árabe israelí, fue detenida bajo arresto domiciliario, acusada de haber filtrado documentos clasificados del ejército israelí.

La manifiesta tendencia a un endurecimiento represivo se manifiesta también en la aprobación de leyes discriminatorias, racistas y regresivas, como la reciente "ley de la Nakba" que, si se aprueba, criminalizará la conmemoración de la Nakba o limpieza étnica de palestinos en 1948 el 15 de mayo, día en que se celebra oficialmente la creación del estado de Israel. (Hay que destacar que la limpieza étnica acaecida en 1948 --reconocida por los "nuevos historiadores israelíes"-- no existe en los libros de texto ni en la ideología sionista oficial, que incluso llegó a negar, en palabras de Golda Meir, la existencia del pueblo palestino). O sea, la contraparte sionista del negacionismo del Holocausto. La semejanza es total. Hace dos meses, se propuso un nuevo proyecto de ley que ilegalizaría a toda organización "si existen bases razonables para concluir que esa organización está ofreciendo información a organismos extranjeros o está implicada en demandas extranjeras contra miembros del gobierno de Israel y/o oficiales del ejército israelí por crímenes de guerra". Adalah y otros grupos árabes de derechos humanos parecen ser el objetivo de esta propuesta.

Varios parlamentarios árabes están sufriendo este recrudecimiento represivo. Al sonado caso de la diputada Hanin Zouabi, tripulante de la Flotilla de la Libertad, que fue agredida en el Knesset (parlamento israelí) y sobre la que pende una propuesta de desposesión de su acta de diputada, hay que sumar los de Mohamed Barakeh y Said Naffa, que han sido despojados de su inmunidad parlamentaria. ¿Su delito? Haber viajado a Libia.

Según Adalah, "la acusación de haberse reunido con un agente extranjero" es tan vaga que criminaliza "a casi todos los árabes que establezcan legítimas relaciones con activistas políticos y sociales del mundo árabe".

Hace tres años, se supo que el Shin Bet, los servicios secretos israelíes, tenía planes para "desestabilizar las actividades de grupos e individuos que buscaran atacar el carácter judío y democrático del estado de Israel, aunque dichas actividades ya estuvieran penalizadas por la ley".

Racismo antiárabe: el otro antisemitismo

El clima de opinión en Israel está facilitando esta ofensiva contra la minoría árabe. La mayoría de los judíos nunca ha visto a los árabes como conciudadanos. Siempre han sido visto como sospechosos, como "quinta columna" del terrorismo árabe, como enemigos, como seres sucios e inferiores, algo de lo que puede, y en realidad debe, prescindirse. A fin de cuentas, Israel es un estado "judío", una democracia étnica, una democracia racial, valgan los oxímoron.

Existe un considerable apoyo entre los judíos israelíes para atacar a sus conciudadanos árabes. Una encuesta encontró que el 57,6 por ciento de los entrevistados estaba de acuerdo en que las organizaciones de derechos humanos que critican la conducta inmoral de Israel no deberían funcionar libremente. En otro sondeo, un 49,5 por ciento de los estudiantes israelíes de enseñanza secundaria rechazaba que la minoría árabe tuviera los mismos derechos que la mayoría judía, y un 56 por ciento privaría a los árabes con ciudadanía israelí de la representación parlamentaria (Un 49% de alumnos de secundaria israelí rechazan la igualdad con los árabes).

Uno de los argumentos estrella de quienes se esfuerzan por encontrar razones para apoyar las infames políticas de Israel dentro y fuera de sus fronteras es que "es la única democracia de Oriente Medio". El argumento "democrático" tiene el grave defecto de poner el carro delante de los bueyes. No se puede comenzar afirmando, fuera de toda duda, que Israel es una democracia, para, a continuación, justificar, relativizar, moderar, criticar para en seguida olvidar... sus actos políticos. Hay que comenzar por estos últimos y, si procede, concluir que Israel es una democracia. Los apologistas tienen una tarea difícil. Dejando de lado, la cuestión de los criterios que se emplean para identificar a Israel como una democracia  y que, por arte de birlibirloque, descalificarían a regímenes como los de Jordania o Líbano, o incluso, si me apuran, los de Siria o Egipto, lo cierto es que en Israel se está viviendo, en los últimos meses, una intensa ofensiva contra las libertades de la minoría árabe del país. La "democracia" israelí no les alcanza, es muy selectiva.

La información sobre Israel y los territorios palestinos ocupados se suele caracterizar, por lo general, por ignorar los hechos de la vida cotidiana. Todos nos hemos enterado del brutal asalto a la Flotilla de la Libertad y de (algunos de) los asesinatos cometidos por los soldados israelíes durante el mismo. Sabemos que Israel mantiene a Gaza sitiada por tierra, mar y aire, pero no sabemos lo que pasa dentro de Gaza. También sabemos de que la construcción de asentamientos judíos en Jerusalén y el resto de Cisjordania es un grave problema en el logro de la paz que Israel no tiene la intención de remover. Y poco más. Pero en la vida diaria de los palestinos de Israel y de los territorios ocupados se producen constantemente violaciones de los derechos más elementales, discriminación y abusos sin cuento, violencia impune de colonos y extremistas judíos, planes de judaización y de expulsión o segregación de los palestinos, etc. Como decimos, también los palestinos ciudadanos de Israel sufren la furia y el odio tan característicos de la cultura sionista. Lo reconoció el mismo ex primer ministro Ehud Olmert cuando, en octubre de 2008, dijo que los árabes de Israel han sufrido la discriminación desde hace mucho tiempo.

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