Netanyahu, 'El Mago' en apuros

Netanyahu, 'El Mago' en apuros

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JERUSALÉN (Apro).- En Israel a Benjamín Netanyahu se le apoda ''El Mago'', por su capacidad para sobrevivir ante la adversidad política y mantenerse en primera línea, eclipsando a cualquier adversario, pese a no haber disfrutado nunca de un gran apoyo popular.

El Mago que visitó México tiene actualmente serias dificultades para conservar su buena estrella, su cargo y hasta su libertad. Su gira histórica por América Latina, que tuvo México como última etapa, coincide con investigaciones judiciales que cercan cada día un poco más al primer ministro.

El viaje le permitió respirar en medio de las acusaciones de soborno y fraude que pesan sobre él y sobre su esposa, Sara. De hecho, en Israel ya hay quienes se preparan para la era post-Netanyahu, porque parece complicado que el primer ministro siga políticamente indemne más tiempo.

"Todo hace pensar que Netanyahu deberá responder ante la justicia. Las sospechas que se ciernen sobre él son más serias que las que existían contra (el exprimer ministro Ehud) Olmert (2006-2009, condenado por corrupción y actualmente en libertad condicional). De una manera o de otra, todo indica que caminamos hacia el fin de la era Netanyahu. Sólo es cuestión de tiempo", afirma Ben Caspit, analista político israelí en un artículo publicado a principios de este mes en el portal Al Monitor Israel Pulse.

Netanyahu fue primer ministro de 1996 a 1999 y ostentó de nuevo el cargo desde 2009. Es el segundo jefe de gobierno que más tiempo se ha mantenido en el poder desde David Ben Gurión. Si completa su mandato, que expira en 2019, superará el récord del fundador del Estado de Israel.

La invulnerabilidad que siempre ha mostrado hace que muchos no crean por ahora en el fin de su era, una tesis reforzada por el hecho de que "nadie le hace sombra en el ámbito político" y no hay presión de la coalición gubernamental para que deje el cargo.

El primer ministro encabeza desde 2015 una variopinta coalición por la que pocos apostaban, pero que se mantiene debido a los intereses de unos y de otros. Los partidos religiosos, ultranacionalistas y de centroderecha que forman este conglomerado en el poder saldrían malparados si el gobierno se hiciera añicos.

Y en la izquierda tampoco hay rival que tenga el peso político de Netanyahu. Los laboristas acaban de elegir a un nuevo líder, Avi Gabbay, que intenta fortalecer su imagen de cara a unas futuras elecciones.

"La realidad es que Netanyahu no está debilitado, ni mucho menos. Es más, sus índices de popularidad se mantienen estables y si hubiera elecciones hoy, yo creo que las ganaría", explica a la corresponsal Mauricio Dimant, director del Departamento de América Latina del Instituto de Investigación Harry Truman, de Jerusalén.

Según el experto, sólo el ministro de Educación, Naftalí Bennett, o la titular de Justicia, Ayelet Shaked, ambos del partido ultranacionalista Hogar Judío, podrían sacar algún rédito político de la salida de escena de Netanyahu, pues ambos tienen ambiciones de encabezar el gobierno. Pero la semana pasada Shaked sorprendió anunciando públicamente que el primer ministro no tiene por qué renunciar a su cargo si es acusado oficialmente y desde un punto de vista legal sólo debería dejar el poder si es condenado y si todos los recursos judiciales se agotan.

CERCADO POR LA JUSTICIA

Netanyahu libra varias batallas judiciales. Uno de sus más cercanos exasesores, Ari Harow, exjefe de gabinete y de campaña, se ha convertido en un testigo clave de los fiscales y podría ser la pieza que haga que la era Netanyahu se venga abajo.

Harow está suministrando información a los fiscales en dos casos. Uno de ellos investiga si Netanyahu ofreció favores políticos a cambio de regalos costosos, como puros o champaña. Otro se centra en un supuesto acuerdo para que uno de los diarios más importantes de Israel, Yediot Ahronoth, realizara una cobertura favorable al primer ministro.

El tercer caso que salpica a Netanyahu es la compra de tres submarinos a la empresa alemana Thyssenkrupp, una enrevesada operación en la que se sospecha que el abogado de Netanyahu habría cobrado comisiones. La justicia por ahora no tiene pruebas de que el primer ministro se haya beneficiado directamente de estos sobornos y, en cualquier caso, Alemania, ante la magnitud del escándalo, anuló la venta.

Por si los casos que cercan directamente al primer ministro fueran pocos, la justicia informó hace dos semanas que la esposa de Netanyahu, Sara, podría ser juzgada en breve por presuntos gastos excesivos para comidas y alimentos de consumo personal, pagados con el dinero del contribuyente israelí. La cifra superaría los 100 mil dólares, colocados hasta el último centavo en la lista de gastos oficiales del matrimonio, pese a que serían estrictamente personales.

Como ha hecho desde hace años, Netanyahu niega con pericia y aplomo todas las acusaciones que lo salpican a él o a cualquiera de los suyos y evita referirse a estos escándalos.

"Si no son submarinos, son habanos y si no, conversaciones con un periodista", clamó recientemente.

Para el primer ministro, la culpa de lo que le ocurre es de la prensa y de la izquierda, que quiere que abandone el poder pero que ha sido incapaz de ganarle en las urnas. "La izquierda y la prensa son lo mismo", ha zanjado el jefe de gobierno, a lo que detractores le han respondido que si tan claro tiene que el pueblo está con él, convoque a elecciones anticipadas.